El mundo “random” de donde viene La Litera

En un viaje realizado en el verano de 2016, dormí y escribí en una litera añeja pero fuerte. La casa donde esta litera se encuentra está en Guadalajara, y durante ese viaje visité otros estados… incluso estuve en 3 en un solo día.

Pero para mí, aquel lugar era algo diferente, algo tenía en especial y mi experiencia ahí fue como estar en un mundo completamente diferente. Desde las primeras horas hasta las últimas, la experiencia fue algo único. Toda la casa tenía objetos y detalles en particular.

Al llegar a dicha casa la primera vez, di un pequeño recorrido; la sala, el comedor, la cocina, el jardín, los baños, la recámara principal y la recámara donde se encuentra la litera; esa habitación tenía de todo… menos luz, lo único que había era una lámpara ubicada abajo de la litera, y que de hecho es la que está prendida en la foto principal de este blog; tenía que esperar un par de minutos, la luz iba aumentando poco a poco hasta iluminar toda la habitación. También había un televisor… que no servía, un tocador y unos cuadros bastante extraños, que entre más fijaba mi vista en su natural rareza, me dejaba con más curiosidad.

Cuarto

En un inicio, tomar un baño era la forma más brusca de empezar el día; esto debido a que tenía que, como coloquialmente se conoce, “bañarme a “jicarazos”, algo así como bañarte echándote agua de una pequeña cubeta encima. Lo más difícil era dar el primer “jicarazo”, y conforme iba avanzando, el cuerpo se iba acostumbrando, y con el calor que hacía en aquél verano, tomar el baño ya era la mejor parte de la mañana.

La cocina era quizá el lugar que más me hacía entrar en una especie de misterioso trance, era ahí donde sentía la despedida del mundo exterior y me adentraba a ese espacio de rareza; una pequeña estufa, la cuál sólo servía la mitad de la misma, era donde se preparaba la comida; de hecho, esta estufa, con su sartén, fue mi inspiración para nombrar a una de las categorías de La Litera, en donde hablo sobre mis proyectos que se están “cocinando” .
El guarda platos, repletos de las estampas que vienen en las frutas como los plátanos y las manzanas. Una alacena profunda que tenía todo lo que una cocina necesita, y como un detalle rústico, unas calabazas enormes que compramos en uno de los viajes en carretera.

Sartén

Guarda platos

Calabazas

Toda la casa estaba llena de objetos, cada uno con su propia historia, provenientes de algún lugar cercano o lejano, viejos y nuevos. El habitante de esta casa (familiar y artista responsable de todas las extrañezas en ella) me regaló, además de muchos libros, un pequeño hipopótamo, acompañado de un recordatorio que siempre me hago. Es ese hipopótamo de barro en donde vive el recuerdo que tengo, físicamente, de esa casa.

Hipopótamo

Pero sin duda alguna, el mejor objeto de todos es la litera, el lugar donde jamás creí encontrar la inspiración para escribir, lugar que ahora se ha convertido en una versión renovada de si misma y adaptada para este siglo, este lugar donde cabemos todos. Y hoy este espacio cumple un año, y quiero agradecerte a ti, querido lector, por ayudarme a darle vida, y te invito a seguir por este bello camino que se trazó hace 365 días.

 

José Andrés ha escrito en La Litera.

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