Marketing de Rusia 2018: La Estética Cósmica y Retro Futurista

Rusia 2018 demostró que las marcas ya no competían solo entre sí, sino contra los algoritmos. Fue el primer mundial donde los creadores de contenido e influencers tuvieron presupuestos de patrocinio equiparables a los de los medios de comunicación tradicionales, transformando el marketing deportivo en una fábrica de experiencias en formato vertical.

Imagen recuperada de: Digital Trends ES.

El logo de 2018, diseñado por la agencia portuguesa Brandia Central, es una de las piezas de identidad visual más ricas y simbólicas de las últimas décadas. Inspirándose en la rica tradición artística de Rusia como el constructivismo o los huevos de Fabergé; y sus logros científicos como el programa espacial Sputnik, el logo emulaba la silueta del trofeo adornada con «ventanas cósmicas» y tres esferas que simulaban satélites y balones.

Imagen recuperada de: @FabrizioFauno.

Logró un balance perfecto entre la herencia histórica y una visión futurista. El uso del rojo texturizado, el dorado y el azul profundo le dio un toque de elegancia que se trasladó a las aplicaciones digitales y las transmisiones en resolución 4K.

Sigue la tendencia de utilizar la silueta de la copa del mundo para «tropicalizarla» de acuerdo al país sede, como en Brasil 2014, esto como segundo intento de la FIFA de crear una marca colectiva que representara a su propio evento.

Rusia eligió a su mascota mediante una votación pública en internet donde participaron más de un millón de personas. El ganador fue Zabivaka («el que anota» o «pequeño goleador»), un lobo estepario que usa gafas deportivas aerodinámicas.

Imagen recuperada de: ArunFoot.

A diferencia de Fuleco (2014) o Zakumi (2010), que destacaron por su peluche físico, Zabivaka fue diseñado con la mente puesta en los activos digitales. Sus lentes no eran solo un accesorio «cool»; ayudaban a que el personaje fuera fácil de adoptar digitalmente, sobre todo en stickers y filtros de Snapchat. Su carisma digital lo convirtió en un éxito rotundo para la economía de licencias.

Adidas apeló a la máxima nostalgia de su catálogo al revivir el nombre del legendario balón de México 70 y Alemania 74: el Telstar 18, dejando en esta edición las líneas fluidas de los mundiales anteriores para adoptar una impresión de pixeles degradados en blanco, negro y gris, emulando la era digital primitiva.

Imagen recuperada de: FYFD.

El gran hito fue la inclusión de un chip NFC (Near Field Communication) debajo de la superficie del balón. Por primera vez, el consumidor podía interactuar con el esférico a través de su smartphone, desbloqueando contenidos exclusivos, retos y datos técnicos. El producto físico se transformó en un portal de experiencia digital.

Para México, los partidos sucedieron mayoritariamente en la mañana o al medio día, por lo que marcas como Lala aprovecharon la oportunidad de «ocupar los refris» de los aficionados para ver los partidos en grupo.

La FIFA buscó un sonido multicultural con «Live It Up», interpretada por Nicky Jam, Will Smith y Era Istrefi.

Aunque no logró el impacto cultural masivo del Waka Waka, la campaña de marketing alrededor del tema fue impecable para los estándares de la época: unió a una leyenda de Hollywood, una estrella del reggaetón latino y una cantante de Europa del Este para mandar un mensaje de diversidad global que resonaba con los valores de inclusión que las marcas globales exigían en sus pautas publicitarias de 2018.

Rusia 2018 nos demostró que el branding contemporáneo debe ser híbrido. El éxito del Telstar 18 con su chip NFC o el diseño digital de Zabivaka nos enseñan que las herramientas tecnológicas solo son verdaderamente poderosas cuando potencian la narrativa del producto.

Para los mercadólogos que hoy miramos hacia el futuro, Rusia fue el recordatorio de que no importa qué tan fragmentada esté la audiencia: un concepto visual fuerte y una buena historia siempre encontrarán su camino a través de la pantalla.

Imagen recuperada de: Infobae.

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