La pregunta no es quién ganará la elección

Hoy comienza la jornada electoral más compleja de Estados Unidos, superando incluso a la de 2016, hasta el propio Trump reconoce que la elección pasada no fue tan decisiva como la de este 2020. Y le digo jornada porque el 3 de noviembre será sólo el inicio.

El conteo de las boletas enviadas por correo postal son un factor importantísimo para la elección. Trump teme perder el voto por correo, tanto que ya ha advertido en numerosas ocaciones que no aceptará los resultados si pierde y más si es por esa vía, a la que ya ha calificado como fraudulenta y apostó por debilitar al servicio postal estadounidense.

Las elecciones estadounidenses son complicadas, pues es casi como un domingo de Super Bowl, no gana el candidato de elección popular sino el que haya ganado la mayor cantidad de “puntos”. Cada Estado te da un puntaje diferente, por eso Trump ganó la elección de 2016 al arrasar en estados clave como Florida o Texas a pesar de que Clinton ganó más votos que él en total. Se complica aún más ya que en Estados Unidos no hay un instituto que haga el conteo de votos a nivel nacional (así como el INE lo hace en México), allá cada estado cuenta sus propios votos por lo que el tiempo para conocer realmente quién ganó se extenderá a más de una noche.

Sin embargo, la pregunta no es quién ganará la elección, sino qué bando estallará primero. La división social en Estados Unidos ha alcanzado un nuevo nivel nunca antes visto, incluyendo ahora a sectores sociales extranjeros, divididos en dos grupos e ideologías, ambas radicales.

En el costal “progre” se encuentran las personas a favor del aborto, de los matrimonios entre personas del mismo sexo, de la adopción homoparental, entre otros temas que varían de región en región. En el costal “facho” se encuentran las personas en contra del aborto, de los matrimonios entre personas del mismo sexo, de la adopción homoparental, entre otros temas que varían de región en región; es decir, los dos polos opuestos.

Los “progres” representados otras divisiones sociales como lo son los millenials y gente de diferente raza, color de piel y preferencia sexual. Los “fachos” representados por otras divisiones sociales como lo son los supremacistas raciales y los miembros de la Asociación Nacional del Rifle. Ambos “costales” han mostrado su poderío y agresividad en las calles. Los “progres” durante las protestas por George Floyd y los “fachos” al acorralar un camión de la campaña de Biden-Harris.

Realmente la pregunta no es quién ganará, sino qué “costal” terminará por estallar primero en protesta por la victoria del otro. La división social es tan fuerte que se siente que habrá un estallido social en las calles de Estados Unidos, no es tan descabellado pensar que el odio y el coraje de ambos bandos terminen en una guerra civil.

La pandemia no hizo más que complicar la jornada electoral, que tuvo que adaptarse y promocionar el voto por correo o anticipado para evitar grandes cantidades de votantes presenciales. El coronavirus prolongará el tiempo de conteo de boletas y hará imposible saber quién ganó esta misma noche, ya que cada Estado tiene su propio criterio para iniciar el conteo, algunos ya empezaron y otros podrían demorar hasta 10 días. Sin embargo, el estallido social no lo frenará ni la pandemia, tal y como se demostró entre finales de mayo y principios de junio en las protestas por la muerte de George Floyd.

La postura de Trump como mandatario da todo menos certidumbre, al anunciar innumerables veces que de perder le hará a Biden el proceso de transición un verdadero infierno. Además, sus amenazas de buscar remover a Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas desde 1984 y pieza clave en el combate contra el Covid-19 dan a entender que el propio Trump teme no ganar al dar un último golpe de timón contra una figura que es tanto respetada como odiada por ambos “costales”

La pregunta es qué olla exprés terminará por reventar primero. Más allá de las estrategias políticas y de gobierno de ambos contrincantes, queda claro que la división social está hecha y se va agravando con cada elección. La pregunta también va sobre a qué destino vamos a llegar así.

Demócratas vs Republicanos, izquierda vs derecha, boomers vs millenials, chairos vs fifís, católicos vs ateos, blancos vs negros… La división social ha llegado a tal extremo de que nos han convencido a todas y todos que el mundo es en blanco y negro y que la lucha es entre un bando bueno y puritano contra un bando malo y perverso; cuando la realidad está compuesta por infinitos matices de los que no nos tomamos la molestia de ver.

La pregunta a corto plazo es si Trump logrará extender su mandato 4 años más o si su legado dará marcha atrás con Biden; la pregunta a mediano plazo es si el legado del ganador logrará trascender y sobrevivir la contienda de 2024; pero la pregunta más importante, la del largo plazo, es si la sociedad en general logrará resistir las heridas de su división.

José Andrés ha escrito en La Litera.

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