“¿Quién manda aquí?”

Los resultados de la consulta organizada por el equipo de transición del presidente electo provocaron algo mucho más grave que la caída del peso mexicano, que de entrada fue un fenómeno que no se veía desde la victoria electoral de Donald Trump; en las últimas horas han ocurrido hechos importantes que sin duda están dejando claro que México ya no será como antes… pero no precisamente para ser mejor.

Desde el anuncio de los resultados y con la confirmación de López Obrador sobre su decisión de cancelar el aeropuerto de Texcoco el dólar subió hasta sobrepasar la barrera de los $20.00 en ese pequeño rango de tiempo. Después firmas como Morgan Stanley y HR Ratings cambiaron sus perspectivas respecto a México, bajando la recomendación para invertir en el país.

La respuesta inmediata del presidente electo fue calmar a los empresarios enviando a Alfonso Romo, después de que éste les quedara mal a los mismos empresarios al asegurarles meses antes que el proyecto de Texcoco concluiría. Además de enviar también al próximo secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, a tratar de defender sin éxito la alternativa de Santa Lucía; sin estudio sobre impacto ambiental en Santa Lucía y sin tener un plan sobre el futuro del espacio en Texcoco fueron sólo algunos de los puntos débiles que Espirú dio a conocer (“sin querer queriendo”).

Como medida adicional, Obrador subió video para tratar de calmar a todos, llamando a la “serenidad y paciencia” y trazando la línea de su mensaje en el combate a la corrupción.

Como datos curiosos, Obrador tiene en su lado derecho dos objetos que podrían ser mensajes ocultos, no están ahí por casualidad; el primero es el libro ¿Quién manda aquí? La crisis global de la democracia representativa (Debate, 2017) de los autores Felipe González, Gerson Damiani y José Fernández- Albertos. El segundo objeto es una bandera de México con el águila de los tiempos de Benito Juárez, uno de los presidentes a los que Obrador rinde homenaje siempre que puede. Sin embargo, siendo ya presidente electo, ¿no debería apegarse más a nuestro escudo nacional vigente?

Tampoco hay que olvidar el terrible error que cometió Obrador en su conferencia de prensa, asegurando que tuvo contacto con el gobierno del Presidente Emmanuel Macron y que este respaldó la construcción del aeropuerto en Santa Lucía. Bastaron un par de horas para que la embajada francesa en México negara lo dicho por Obrador. Andrés Manuel aún no es presidente en funciones y ya tuvo un tropiezo enorme al querer utilizar a un gobierno extranjero para tratar de convalidar su decisión. No es la primera vez que Obrador y su equipo tergiversan o esconden información para tratar de darle credibilidad al proyecto de Santa Lucía.

Lo que me queda claro es que con la decisión de cancelar Texcoco y construir en Santa Lucía nadie ganó. Los empresarios están preocupados, pero ellos no perderán, pueden llevar sus inversiones a cualquier otro lugar; los trabajadores de la construcción en Texcoco les queda solamente un mes de empleo, porque a partir del 1ero de Diciembre el futuro de cada uno es incierto; la credibilidad de México está fracturada a nivel internacional y de seguir así perderemos la reputación de negocios que se ha construido desde hace años; Obrador y su equipo se desgastaron demasiado pronto con la consulta, y está en sus planes hacer más como una nueva manera de gobernar, algo que en la teórica suena hermoso, pero que abre las puertas a una posible consulta para extender el mandato de López Obrador más allá de los 6 años.

Viajeros nacionales e internacionales también saldrán perdiendo, ya que se tendrá que operar con el ya ineficiente aeropuerto que tenemos actualmente y los traslados a Toluca y Santa Lucía serán una pesadilla logística. Las aerolíneas también ven dificultades de operación con ese triángulo aeroportuario, optando por operar solamente en donde haya más demanda.

López Obrador debe entender que ya no está en campaña, que la retórica de la batalla con los buenos y los malos que lo llevó a la presidencia puede resultarle ahora contraproducente; no con su electorado, sino con el resto del mundo. Estoy consciente que es positivo que marque la diferencia entre el poder del gobierno y el empresarial, pero debe dejar esa mala costumbre de ver a quienes discrepan de él y sus decisiones como enemigos mortales. Si Andrés Manuel se enoja con los empresarios nacionales e internacionales, ¿de dónde saldrá el dinero para cumplir todas y cada una de sus promesas de campaña? Porque de solamente erradicar la corrupción no le será suficiente.

Obrador mandó un mensaje en su fotografía con el libro “¿Quién manda aquí?“; o fue un mensaje para los empresarios y opositores para recordarles que ahora él está al mando… o es una duda genuina del propio López Obrador, los aciertos serán suyos y los errores serán decisiones que tomó “el pueblo bueno”… ¿Quién va a mandar entonces?

José Andrés Cruz Domínguez 2018

José Andrés ha escrito en La Litera.

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